The Principles of Catholic Social Teaching

3593083164_3b713ab852_oTaken from Catholic Charities USA

As Catholic Charities agencies, we serve all who come to our doors for aid not because they’re Catholic, but because we are. Our mission is rooted in the seven principles of Catholic social teaching listed below.

Life and Dignity of the Human Person

The Catholic Church proclaims that human life is sacred and that the dignity of the human person is the foundation of a moral vision for society. This belief is the foundation of all the principles of our social teaching. In our society, human life is under direct attack from abortion and euthanasia. The value of human life is being threatened by cloning, embryonic stem cell research, and the use of the death penalty.

Catholic teaching also calls on us to work to avoid war. Nations must protect the right to life by finding increasingly effective ways to prevent conflicts and resolve them by peaceful means. We believe that every person is precious, that people are more important than things, and that the measure of every institution is whether it threatens or enhances the life and dignity of the human person.

Call to Family, Community, and Participation

The person is not only sacred but also social. How we organize our society in economics and politics, in law and policy, directly affects human dignity and the capacity of individuals to grow in community. Marriage and the family are the central social institutions that must be supported and strengthened, not undermined.

We believe people have a right and a duty to participate in society, seeking together the common good and well-being of all, especially the poor and vulnerable.

Rights and Responsibilities

The Catholic tradition teaches that human dignity can be protected and a healthy community can be achieved only if human rights are protected and responsibilities are met. Therefore, every person has a fundamental right to life and a right to those things required for human decency.

Corresponding to these rights are duties and responsibilities–to one another, to our families, and to the larger society.

Option for the Poor and Vulnerable

A basic moral test is how our most vulnerable members are faring. In a society marred by deepening divisions between rich and poor, our tradition recalls the story of the Last Judgment (Mt 25:31-46) and instructs us to put the needs of the poor and vulnerable first.

The Dignity of Work and the Rights of Workers

The economy must serve people, not the other way around. Work is more than a way to make a living; it is a form of continuing participation in God’s creation. If the dignity of work is to be protected, then the basic rights of workers must be respected–the right to productive work, to decent and fair wages, to the organization and joining of unions, to private property, and to economic initiative.

Solidarity

We are one human family whatever our national, racial, ethnic, economic, and ideological differences. We are our brothers’ and sisters’ keepers, wherever they may be. Loving our neighbor has global dimensions in a shrinking world.

At the core of the virtue of solidarity is the pursuit of justice and peace. Pope Paul VI taught that “if you want peace, work for justice.” The Gospel calls us to be peacemakers. Our love for all our sisters and brothers demands that we promote peace in a world surrounded by violence and conflict.

Care for God’s Creation

We show our respect for the Creator by our stewardship of creation. Care for the earth is not just an Earth Day slogan, it is a requirement of our faith. We are called to protect people and the planet, living our faith in relationship with all of God’s creation. This environmental challenge has fundamental moral and ethical dimensions that cannot be ignored.

Source: U.S. Conference of Catholic Bishops

Los Siete Temas del Enseñanza Social Católica

3593083164_3b713ab852_oComo agencias de Caridades Católicas, servimos a todos los que vienen a nuestras puertas para ayuda; no porque son católicos ellos, pero nuestra misión es católica. Esta misión se basa en los siete principios de la enseñanza social católica que se enumeran abajo.

De la Conferencia de Obispos Católicos de los Estados Unidos

LA VIDA Y LA DIGNIDAD DE LA PERSONA

La Iglesia Católica proclama que la vida humana es sagrada y que la dignidad de la persona es la base de una visión moral para la sociedad. Esta creencia es el fundamento de todos los principios de nuestra ensenanza social. En nuestra sociedad, la vida humana está bajo el; ataque directo del aborto y la eutanasia. La vida humana está amenazada por la clonación, las investigaciones sobre las células madre embrionarias y por la aplicación de la pena de muerte. El poner intencionalmente la mira en la población civil durante una guerra o un ataque terrorista siempre está mal. La enseñanza católica nos llama siempre a hacer todo lo posible para evitar una guerra. Las naciones deben proteger el derecho a la vida encontrando maneras eficaces para evitar los conflictos y para resolverlos por medios pacificos. Creemos que toda persona tiene un valor inestimable, que las personas son más importantes que las cosas y que la medida de cada institución se basa a en si amenaza o acrecienta la vida y la dignidad de In persona humana.

EL LLAMADO A LA FAMILIA, A LA COMUNIDAD Y A LA PARTICIPACION

La persona no sólo es sagrada sino tambien social. La manera en que organizamos nuestro sociedad-en lo económico y lo político, en leyes y políticas-afecta directamente la dignidad humana y la capacidad de los individuos para crecer en comunidad. El matrimonio y la familia son las instituciones centrales de la sociedad y éstas deben ser apoyadas y no minadas. Creemos que todas las personas tienen el derecho y el deber de participar en la sociedad buscando juntas el bien común y el bienestar para todos, especialmente para los pobres e indefensos.

LOS DERECHOS Y DEBERES

La tradición católica enseña que se puede proteger la dignidad humana y se puede establecer una comunidad saludable sólo si se respetan los derechos humanos y se cumple con los deberes. Por lo tanto, toda persona tiene un derecho fundamental a la vida y un derecho a todo lo necesario para vivir con decencia. A la par de esos derechos, hay también deberes y responsabilidades-de unos a otros, hacia nuestras familias y hacia la sociedad en general.

LA OPCIÓN POR LOS POBRES E INDEFENSOS

Una prueba moral básica es cómo les va a los miembros más indefensos. En una sociedad marcada por divisiones cada vez más agudas entre ricos y pobres, nuestra tradición recuerda la historia del Juicio Final (Mt. 25:31-46) y nos enseña a preocuparnos primero por las necesidades de los pobres e indefensos.

LA DIGNIDAD DEL TRABAJO Y LOS DERECHOS DE LOS TRABAJADORES

La economía debe servir al pueblo y no al revés. El trabajo es más que una forma de ganarse la vida, es una forma de participar continuamente en la creación de Dios. Si e ha de proteger la dignidad del trabajo, entonces debe respetarse los derechos básicos de los trabajadores-el derecho a un trabajo productivo, a salarios adecuados y justos, a organizar sindicatos y a unirse a ellos, a la propiedad privada y a la iniciativa económica.

LA SOLIDARIDAD

Somos una familia humana cualesquiera que sean nuestras diferencias nacionales, raciales, étnicas, económicas e ideológicas. Somos los custodios de nuestros hermanos y hermanas dondequiera que se encuentren. Amar a nuestro prójimo tiene dimensiones globales en un mundo cada vez más pequeño. En el mero centro de la virtud de la solidaridad está la búsqueda de la justicia y la paz. EI Papa Paulo VI nos dijo: “si quieres paz, trabaja por la justicia”.1 El Evangelio nos llama a ser pacificadores. Nuestro amor por rodos nuestros hermanos y hermanas exige que fomentemos la paz en un mundo rodeado de violencia y conflicto.

El CUIDADO POR LA CREACION DE DIOS

Nosotros mostramos nuestro respeto por el Creador cuidando la creación. El cuidado por la tierra no es sólo un eslogan para el Día de la Tierra; es un requisito de nuestra fe. Estamos llamados a proteger a las personas y al planeta viviendo nuestra fe en relación con toda la creación de Dios. Este desafío ambiental tiene dimensiones morales y éticas fundamentales que no pueden ser ignoradas.